* E l R e t é n D e l P e o r V i e n t o *

* E  l   R  e  t  é  n   D  e  l  P  e  o  r  V  i  e  n  t  o  *
* M i R e c o n d i t o r i o S a g r a d o * Obra Pintada por [ P el inventor deletéreo ]

viernes, 29 de agosto de 2014

S e i s D e A g o s t o .



Seis de agosto, Año de Nuestro Señor de Dos mil Catorce.           Soldeu, Principado de Andorra.





Hacia las once de la noche, en mi confortable buhardilla pirenaica, me dispongo a componer la última página del libro de providencias de este asueto agosteño. Como manda mi tradición, me fui de excursión hoy a las ocho de la mañana, eligiendo la correría de las vacas de Ortafá que me permite un continuo ascenso por la montaña a la vez que rememoro las aventuras disfrutadas. Ha sido fantástico recordar la estampida de caballos recién llegado, en los altos del lago de las salamandras y que por gracia de San Francisco de Asís, no me arrolló contra el abismal precipicio, pues me arrojé en el  momento preciso en el colchón de unas cacas de vaca a la vera del canchal. Seguí hacia la cumbre y volvía a sonreír con el buen poso que me dejó acudir al Cirque du Soleil en Andorra La Vella, en un parque en la ribera del río Valira.

Sin embargo, cuando esta mañana, hacia las doce del mediodía, conquistaba un promontorio que me permitía una vista estratosférica del límite con Francia y España a través de la muga, dejé de practicar el balance mental, porque los verdísimos abetos me recordaron una cosita, un hecho que me proporciona bienaventuranzas y que siempre que estoy en El Principado he cumplimentado. Mi saludo a las luciérnagas.

Suelo verlas en mis primeros paseos nocturnos, pero estas vacaciones no fue así, quizás en su vida verdosa existan otras prioridades, y luego se me olvidó el resto de días, hasta hoy.

De manera que después de comer, me eché una merecida siesta y a continuación marché al spa. Tras algunas horas de profundo bienestar tibetano, me calcé las botas y me dispuse al rendez vous con las lucernas  cerca de las pistas de descenso, en la senda del tamarro y su boscoso sendero. Anduve ansioso porque transcurría el tiempo y tenía que orientarme para no extraviarme en la oscuridad –tengo la suerte de ser virtuoso nictálope- y no veía ninguna luciérnaga entreverada por la espesa flora andorrana.

Melancólico, de nuevo en Soldeu y sin la misión alcanzada, al pasar por la iglesita románica de San Bartomeu, un postrer instinto me hizo detenerme en la lobreguez del pozo, en su parterre eclesial. Ahí, en unas tuberosas foscas, ví de pronto el fulgor irreal de dos pequeños cuerpecitos de luciérnagas, tan esmeraldas como siempre, moviéndose lentamente entre la vegetación fresca y nocturna, llenando mi mirada de fantasía y buenos augurios, sabiendo que esto, tan lleno de simpleza y felicidad, es la paradoja de un aventurero como yo, un alpino soberbio que necesita este contrapunto para mis muchísimas experiencias peligrosas en mitad de La Madre Naturaleza, y que es como un homenaje a lo más invisible de La Tierra.


De esta guisa, puedo cerrar estas providencias montañeras y esperar que en mis agrestes sueños, las luciérnagas continúen siendo los fanales telúricos  que guían mi alma. ¡Buenas Y Esmeraldas Noches!

miércoles, 27 de agosto de 2014